sábado, 30 de enero de 2010

Las Grayas y Perseo



Hola, es muy dura la vida de una graya , tanto que te pondrá los pelos de punta.
Yo nací vieja y fea como mis dos hermanas; las tres seguimos vírgenes debido a nuestro horripilante aspecto que tenemos: solo tenemos un ojo y un diente para las tres y nos encargamos de cuidarlos y consevarlos pues son los únicos utensilios que nos permiten observar y masticar.

Vivimos en el Occidente extremo, conocido como ''el país de la noche'', un lugar donde nunca luce el sol.


Un día Perseo nos hizo una desagradable visita, mientras dormíamos. Se coló en nuestra cueva y, mientras una hacia guardia con el ojo y el diente en sus manos y las otras dormíamos, se nos acercó a las dormidas y nos dio un sobresalto al susurrarnos: ''¿Decidme amables grayas donde están las ninfas del norte?''

La Graya despierta, al acecho, le pasó inmediatamente el ojo a mi otra hermana, que insistía e insistía para ver lo que ourría, ¡a mí no me lo dejaba por más que se lo pedí! y en ese momento el hábil Perseo se hizo con él y nos amenazó con tirarlo al mar, si no le decíamos dónde estaban las ninfas del norte. ¡Qué apuro, pues sin ese ojo nos quedaríamos ciegas para siempre!

Desesperadas, le dijimos lo que deseaba saber y tiró el ojo a nuestros pies para divertirse viendo las manos en la suciedad del suelo para recuperarlo. ¡Desagradecido! ¡Si no fuera porque es hijo de Zeus!